LEANDRO RIQUELME

Hoy, ya establecido hace siete años en la Cervecería La Cruz, no puedo negar que mis primeros pasos en el mundo cervecero los di como homebrewer. Son momentos y experiencias que jamás voy a olvidar, porque de otra manera nunca hubiese encontrado ni conocido esta profesión y vocación que hoy en día amo.

Nací y me crié en San Carlos de Bariloche pero, gracias al azar de la vida, me tocó dejar mi ciudad para mudarme a Mar del Plata, donde tenía como objetivo principal terminar el secundario. En este lugar fue donde como hobby y pasatiempo; al principio con un par de ollas, luego con barriles cortados, comenzamos con mi primo a tirar los primeros batch. Poca era la información y variedad de materia prima que se conseguía en aquel entonces (2006). Pero con lo poco que se podía leer y aprender de internet, nos animamos y largamos nuestros primeros batch. Nuestras primeras rubias las hacíamos con pura malta Pilsen, con lúpulo de El Bolsón y levadura nothingham.

Fue hace poco tiempo, después de conocer a muchos cerveceros que comenzaron de igual manera, que me di cuenta que en realidad estaba haciendo mis primeras Doradas Pampeanas. Siempre tratando de mejorar y tomando cual cursito apareciera, pude mejorar equipos, recetas y cervezas.
Volvía a Bariloche una vez al año para celebrar navidad y año nuevo con mi familia. En el 2008, como todos los años, volví a pasar las fiestas y sin imaginarlo me terminé quedando.

Todavía recuerdo la primera entrevista con Emilio Ghirardi, mi tutor y maestro hasta el día de hoy, preguntándome qué tipo de infusión hacía, qué tipo de leva usaba, a cuántos grados macera y un montón de cosas más. Algunas respuestas las sabía, otras no. Pero creo que vio mi interés por el rubro y junto a Francisco, me abrieron las puertas de la fábrica donde terminé de decir: "Sí, esto es lo que quiero y ojalá Dios me dé la oportunidad de hacerlo y ganarme la vida con esto para siempre".